martes, 17 de enero de 2017

Frente al pro-fracking Trump, necesitamos análisis objetivos sobre el gas y el petróleo

El Post Carbon Institute ha hecho públicos dos informes, con el aval del geólogo J. David Hughes, que analizan las predicciones más recientes de la Administración de Información de la Energía de los Estados Unidos (EIA) sobre la producción de petróleo y gas de esquisto. Los informes (2016 Tight Oil Reality Check y 2016 Shale Gas Reality Check) analizan las predicciones de la EIA (cada vez más optimistas) teniendo en cuenta los datos reales de producción (hasta junio 2016) y las estimaciones anteriores de la agencia. Los informes plantean preguntas críticas sobre la veracidad y la volatilidad de las estimaciones de la EIA, preguntas que son de especial relevancia cuando la administración Trump define su política energética doméstica.
«La EIA proporcionó amablemente sus predicciones de producción a nivel de campos, datos en los que se basa su escenario de referencia para su Predicción Anual Energética (AEO)», afirmó el geólogo y autor del informe J. David Hughes. «Esto me ha permitido compararlas con predicciones anteriores de la EIA y con mis propias predicciones, que se basaban en el análisis de la productividad de los pozos por subárea dentro de cada campo y en otros parámetros como el número de lugares de perforación disponibles y la tasa de agotamiento.  También me han permitido analizar las predicciones más recientes de la EIA teniendo en cuenta los datos de producción efectiva sobre el terreno. Hablando claro, observadas al nivel de las extensiones productivas, las predicciones de la EIA son muy irreales».

Los medios de comunicación, responsables políticos, inversores y el público en general consideran que la Predicción Anual Energética (AEO), publicada anualmente por la Administración de Información Energética (EIA), va a misa. Sin embargo, las predicciones de la EIA sobre los precios futuros de la energía se equivocan frecuentemente (como, por ejemplo, cuando revisó sus predicciones para el petróleo de esquisto de Monterey a la baja un 96% después de solo tres años) y suelen pecar de optimistas.

Por ejemplo, la AEO2016 ha incrementado sus estimaciones de producción de petróleo de esquisto hasta el 2040 en un 19% respecto a la AEO2015 y en un 31% respecto a la AEO2014. Al mismo tiempo, sus predicciones para la producción de gas de esquisto se han incrementado un 31% con respecto a la AEO2015 y un 43% con respecto la AEO2014. Sin embargo, la producción de petróleo de esquisto de los Estados Unidos ha bajado ya un 13% (a junio del 2016) desde su máxima producción de marzo del 2015 y la producción de gas de esquisto ha descendido un 5% desde su máximo a principios del año 2016. La EIA no proporciona ninguna explicación sobre sus optimistas predicciones de producción futura, especialmente si consideramos que la AEO2016 pronostica ritmos de perforación menores a los del 2014 hasta el 2040, cuando pronostica que la producción de petróleo y gas se incrementará un 31% y solo con unos ligeros incrementos de los precios. Tampoco tiene en cuenta la volatilidad respecto al año anterior en sus predicciones para varios campos. Por ejemplo, las predicciones de producción de gas de esquisto en la formación Marcellus hasta el 2040 son ahora un 76% más elevadas que en 2014 (representando el 147% de los recursos sin confirmar técnicamente recuperables en el campo). Por el contrario, la predicción para la producción de Eagle Ford  ha sido rebajada en un 36% para ese mismo periodo de tiempo.

«Hace cuarenta años, la EIA era la única agencia a la que se le concedía independencia dentro del gobierno federal con el propósito de asegurar que su recogida de datos y el análisis de estos no estuvieran influidos por la política, pero esta independencia conlleva una gran responsabilidad, especialmente, cuando va a llegar una administración que, según todo apunta, es partidaria de aumentar la producción de combustibles fósiles. Los norteamericanos deben tener la certeza de que la política energética se basa en un análisis realista, independiente y transparente y no en ilusiones.» afirmó Asher Miller, director ejecutivo del Post Carbon Institute.



Ideas principales/Conclusiones


  • En el 2016, la EIA ha aumentado sus estimaciones de la cantidad de petróleo y gas de esquisto producidos hasta el 2040 en un 19% y un 31%, respectivamente, comparadas con las predicciones del año pasado. No obstante, la producción de ambos recursos ha sido un 13% y un 5% inferior a sus niveles máximos.
 
  • La EIA predice que la producción de petróleo y gas de esquisto crecerá un 88% desde los niveles del 2014 hasta máximos históricos hacia el año 2040, mientras que el ritmo de perforación será inferior a los niveles del 2014 hasta el 2040, con solo un ligero incremento en el precio del petróleo.
 
  • Las predicciones de la AEO siguen siendo volátiles y exageradamente altas, haciendo gala de un optimismo sin fundamento. Las predicciones de la AEO sobre la recuperación de petróleo de esquisto hacia el 2040 en algunos campos han variado de modo significativo de la AEO2016 a la AEO2014, yendo del +414 (Bone Spring) y +137 (Bakken) al -42% (Austin Chalk), mientras que las predicciones para el gas de esquisto van del +237% (Bakken) al -36% (Eagle Ford). La EIA no explica esta volatilidad.
 
  • La EIA supone que la producción de petróleo y gas de esquisto crecerá de manera notable a partir del 2017, que la producción de petróleo y gas estadounidense alcanzará los máximos del 2015 sobre el 2019 y que la producción crecerá un 31% adicional hacia el 2040. Todo esto a la vez que asume que el ritmo de perforación (que es actualmente un 37% inferior a los niveles máximos del 2014) será inferior a los niveles del 2014 hasta el 2040. Estas predicciones parecen muy improbables si tenemos en cuenta que todas las grandes extensiones productivas de petróleo de esquisto han alcanzado ya su máximo nivel de producción (excepto en la Cuenca Pérmica) y que todas las grandes extensiones productivas de gas de esquisto han alcanzado ya su máximo nivel de producción.
 
  • La EIA supone que los grandes campos de gas de esquisto (que representan el 75% de la producción prevista para el periodo 2013-2040) van a recuperar el 132% de sus «recursos sin confirmar técnicamente recuperables» sobre el 2040, pero no da una explicación de por qué o cómo esto es posible.